Vals con Bashir
III. Imposición y crisis del neoliberalismo en el Tercer Mundo
En esta película, su director Ari Folman procesa su olvido sobre un pasado traumático: su intervención como integrante de las fuerzas israelíes de la matanza en los centros de refugiados palestinos, Sabra y Chatila.
El guionista y director israelí vivió muchas de las experiencias que se narran en la película. Un sueño en el presente, en realidad una pesadilla que proviene del pasado, pone en marcha este vals de muerte y olvido. Ese es el pretexto del que se sirve Folman para arrojar luz sobre desmemoria.
ESCENA
EN EL INICIO DEL FILME
Dirección y guión: Ari Folman.
Música: Max Richter.
Montaje: Nili Feller.
Intérpretes: Yael Nahlieli, Serge Lalou, Gerhard
Meixner y Roman Paul.
Nacionalidad: Israel, Francia y Alemania.
Fecha: 2008.
Duración: 90 minutos
Entrevista a Folman el 24 de junio de 2009.
¿La película se basa en su experiencia?
Es mi historia personal. La película empieza el día que descubrí que algunas partes de mi vida se habían borrado de mi memoria. Los cuatro años que trabajé en "Vals con Bashir" me provocaron un violento trastorno psicológico. Descubrí cosas muy duras de mi pasado y, sin embargo, durante esos cuatro años, nacieron mis tres hijos. Puede que lo haya hecho para mis hijos. Para que, cuando crezcan y vean la película, les ayude a saber escoger, a no participar en ninguna guerra.
¿Realizar "Vals con
Bashir" fue como una terapia?
La búsqueda de recuerdos traumáticos enterrados en la memoria es una forma de
terapia. La terapia duró lo que la producción de la película, cuatro años.
Durante este tiempo, pasaba de la depresión más absoluta, fruto de los
recuerdos que me volvían a la memoria, a la euforia más desbordante por hacer
una película de animación innovadora, que iba mucho más rápido de lo que había
esperado. Si fuera un loco de la psicoterapia, diría que realizar la película
me ha transformado profundamente.
¿Todos los personajes
entrevistados en la película son reales?
Siete de nueve. Por razones personales, Boaz (el amigo que soñaba con los
perros) y Carmi (el amigo que vive en Holanda) no han querido que aparezcan sus
nombres verdaderos. Pero sus testimonios son reales.
¿Conoce a más gente que
haya pasado por la misma experiencia?
Claro, no soy el único. Creo que miles de ex soldados israelíes han enterrado
sus recuerdos en lo más profundo de su memoria. Algunos podrán vivir así
siempre. Pero existe el peligro de que explote en cualquier momento, y en ese
caso los daños son imprevisibles. Lo llaman estrés postraumático.
¿Cuál fue su primera
intención, realizar un documental o una película de animación?
Siempre lo imaginé como un documental de animación. Ya había realizado varios
documentales, y me entusiasmó lanzarme a este proyecto. Mi primera experiencia
con la animación fue con una serie documental, “The Material Love is Made of”.
Cada episodio empezaba con tres minutos de animación durante los que unos
científicos evocaban la “Ciencia del amor”. Era animación Flash básica, pero
funcionó tan bien que siempre pensé en llevar el mismo proceso a un
largometraje.
¿Puede decirse que el
proyecto se concibió como un documental de animación?
Sí, "Vals con Bashir" siempre fue un documental de animación. Hacía varios
años que había tenido la idea, pero rodarlo en imágenes “reales” no me
convencía. ¿Qué habría sacado? Un hombre de cuarenta años entrevistado sobre
fondo negro, contando historias de hace 25 años, sin una sola imagen de archivo
para ilustrar sus palabras. Habría sido un aburrimiento. Por eso la animación
me pareció la única solución, porque concede una gran libertad imaginativa. La
guerra es muy irreal, la memoria es muy ladina, más valía hacer semejante viaje
con la ayuda de buenos grafistas.
¿Cómo crearon la
animación de la película?
Primero rodé "Vals con Bashir" en vídeo en un estudio y se montó como
un largo de 90 minutos. A partir de ahí, realizamos un storyboard que
desarrollamos con 2.300 dibujos y que animamos posteriormente. El director de
animación, Yoni Goodman, creó el estilo de animación en nuestro estudio, el
Bridgit Folman Film Gang. Es una mezcla de animación Flash, de animación
clásica y animación 3D. Es importante dejar claro que no se usa el rotoscopio,
en el que se vuelve a pintar la imagen de vídeo. Cada dibujo se creó desde cero
gracias al magnífico talento del director artístico David Polonsky y de sus
tres asistentes.
¿Qué siente hoy acerca
de la matanza de Sabra y Chatila?
Lo mismo que antes. Es lo peor que puede pasarle a un ser humano. Estoy seguro
de que los falangistas cristianos fueron los responsables de la masacre. Los
militares israelíes no dieron ninguna orden. Pero el gobierno israelí sabe
hasta dónde alcanza su responsabilidad; estaba al corriente de esta masacre premeditada.
¿Y la guerra?
He rodado "Vals con Bashir" desde el punto de vista de un soldado
cualquiera, y solo puede concluirse que la guerra es terriblemente inútil. No
tiene nada que ver con las películas estadounidenses. No tiene nada de
glamouroso ni de glorioso. No son más que hombres muy jóvenes, que no van a
ninguna parte y que disparan contra desconocidos, les disparan desconocidos, y
que vuelven a su casa intentando olvidarlo todo. Algunas veces lo consiguen.
Pero no ocurre en la mayoría de los casos.
¿Cree que sus
compatrioras piensan igual que usted respecto a la guerra?
No es ninguna noticia para los israelíes decirles que la invasión de Beirut
oeste en 1982 era inútil y no servía de nada. Es una enorme mancha negra en
nuestra historia. Incluso estoy dispuesto a apostar que Ariel Sharon,
actualmente en coma, habría dado lo que fuera para reescribir la historia e
impedir esta expedición sin sentido que tanto defendió. Por ese lado, no creo
que nadie diga: “¿Cómo se atreve a decir que no debimos estar?”. Puede que el
modo en que se presenta el ejército moleste más al público israelí. La película
carece de momentos gloriosos. Todas las personas entrevistadas son más bien
antihéroes, excepto uno, el periodista Ron Ben-Yishai, pero no es un soldado”.